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Parte 8º 

FRAY ANTONIO DE SAN MIGUEL IGLESIAS (1785-1804) 


Asturiano, nacido el 19 de febrero de 1726. Ingresó en el convento de los frailes jerónimos a los 15 años de cuya orden sería Ministro General el 25 de abril de 1768.
El rey Carlos III lo presentó al Papa para el obispado de Comayagua, en la provincia de Honduras, recibe la consagración episcopal de manos de Fray Manuel Ximménes Pérez, obispo de San Juan de Puerto Rico.
En  1780, la viruela hizo espantosos estragos, y en los cuatro siguientes la sequía asoló la región.
Después de seis años de fatigas, debilitado por la enfermedad, rota una pierna a consecuencia de una caída,  volvía a su ciudad  episcopal cuando recibe las Bulas por las que el papa Pío VI lo arranca de Tegucigalpa y lo traslada a Valladolid de Michoacán.
Era entonces Valladolid una ciudad pequeña  de unos 20,000 pero magníficamente construida, próspera rica, como lo fueron todas las ciudades episcopales durante el pacífico y fecundo siglo XVIII mexicano.
Sería lo natural creer que, una vez llegado Fray Antonio a Michoacán, descansaría de los agotadores trabajos sufridos en Comayagua, pero no; los hombres de su temple no nacieron para el descanso. Cuerpos de fierro y corazón de oro,  los obispos pudieron decir de {si mismos lo que canta el viejo romance: 

Mis arreos son las armas,
Mi descanso, el pelear,
Mi cama, las duras peñas,
Mi dormir, ¡siempre velar!

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