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Pareciera redundancia de palabras o cacofonías o pleonasmos (figuras de la literatura), pero la verdad, son dos palabras que se complementan. La plenitud de los tiempos se realiza con el misterio de
la Encarnación que nos proporcionó el cumplimiento de las profecías señaladas con mucha anticipación. Cristo se hizo presente físicamente en el inicio de esta era, al regresar al Padre, lo hace al retomar su espíritu. El mismo Jesús hizo un anuncio contundente: “Vendré con gloria”. Es cierto que no dijo cuando sería esa venida, no porque no la conociera (la conocía en el Padre), sino porque no quiso inquietarnos emocionalmente y prefirió dejarnos una vivencia digna del evangelio, para una preparación adecuada a nuestro encuentro definitivo con él.
La certeza de su segunda venida en presencia, la proclamamos en el credo: “Creo que vendrá con gloria a juzgar a vivos y muertos”. Jesús vino a instalar el reino de Dios, pero este reino iba a iniciarse en la tierra, para dar el comienzo de su realización completa, en la visión beatifica. Desde que el Señor creó al hombre, lo destinó a esa visión beatífica de cuya consecución el demonio sintió envidia y ha procurado disuadir al hombre, de que tiene capacidad suficiente para realizarse (El hombre) aún cuando tuviese que emplear la libertad con un criterio egoísta. Pero vino el enviado del Padre (El Mesías) a ayudarnos a no perder la trayectoria salvifica que terminaría en la visión beatifica.
Estoy seguro de que Jesús como Palabra de Padre, sabía cuándo
la Plenitud de los tiempos llegaría a su final, para dar lugar a la realización de la etapa permanente y definitiva del reino (La bienaventuranza). Estoy seguro que la historia o cultura humana, está llegando a llenar la etapa de peregrinos, y que percibe que el momento de esa etapa (La meta), a la que hemos sido destinados y para la que el mismo Cristo de distintas maneras nos está avisando, de que se llega a ese final de nuestra historia. Hace ya algunos años se están presentando signos y señales muy misteriosos, entregados a algunas almas místicas o apareciendo sin explicación natural, en algunas regiones, con los llamados “Agrogramas”. El último de estos agrogramas apareció en Inglaterra en un campo de trigo en el mes de agosto pasado. Una gran cruz con doce círculos distribuidos en la línea vertical y horizontal de la señalada cruz, y uno más grande de color blanco en le cruce de la misma cruz. En la interpretación que algunos han encontrado como más propia, sería la siguiente “Siendo la cruz el signo más universal, podría estar representando a la humanidad todo en los doce círculos, más el décimo tercero que podría ser Cristo como centro de la historia. Podría significar también la antigua y la nueva alianza, representando la historia hasta ahorita más expresiva de la humanidad. Tal vez nos esté dando un mensaje muy significativo de lo que se avecina para el hombre.
La humanidad ha tenido un cambio rotundo desde los comienzos de siglo XXI, se ha colocado en el centro de la historia y hasta ha olvidado o rechazado al propio Dios. Hoy la apostasía camina a la orden del día; la cultura ha divinizado al dinero facilitando con ello las tan frecuentes culturas de belleza o sistemas de sobrevivencia con qué el hombre quisiera ser eterno. La sensualidad es parte y trayectoria de la divinización del dinero, que divinizando al hombre ponen entre dicho a Dios y toda autoridad humana. Caminamos sin brújula y al antojo del yo desenfrenado. Hoy fácilmente cabe el mal en todo, aún a costa de relegar el bien.
La New Age no es la que debería ser: Etapa de luz y no de destrucción, presentándose más bien como una era demoníaca. El árbol humano está corroído, la polilla de la maldad lo está socavando, va a caer pronto. ¡Sólo la misericordia de Dios que se llama Padre, nos proteja!
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